12 de junio de 2008

Siria. Aterrizando en la ciudad más antigua del mundo

Parecía mentira que fuéramos a conseguir volar a Siria. Yo, tan contenta, con mi pasaporte en regla, mi carta de la universidad de Alejandría que me permite regresar a Egipto, y mi visado (¡para 36 meses!, un error tipográfico seguramente).

Sin embargo, allí estaba yo, esperando hora y media a que Caecilie que se animó a venir conmigo si cambiaba de opinión y no iba al Líbano, consiguiera salvar la inmensa cola en la ventanillas de visado en el aeropuerto de Damasco. Ella es ejemplo claro de lo que puede pasar si no tienes representación consular en el país al que viajas, no puedes conseguir un visado con anterioridad, solo en la frontera. Ya tuvimos que convencer al encargado del aeropuerto en Cairo, a punto de perder el avión, de que ella tenía que pedirlo allí en la frontera.
(Foto: ITXA. En el zoco de Al-Hamidiyya)

Y seguía esperando...

Decido pasar a recoger las maletas y esperar allí la cara sonriente de mi amiga, siempre apacible pero a la que ya he podido comprobar su lado más vikingo danés... Mientras se quedaba dando vueltas de una ventanilla a otra, poniendo cara seriota y hablando con propiedad en Árabe (fos7a). Andando por los pasillos blanquecinos que llevan a la sala de equipaje observo las facciones de los primeros sirios que me encuentro (fuera de Siria). Parecen tener unos rasgos más balcanizados, si bien otros siguen pareciéndose a los egipcios. Con respecto a su idioma árabe, es una especie de egipcio y árabe estándar (fos7a), pero no me preocupo, me dijeron que si les hablaba en egipcio me entenderían perfectamente, incluso me mirarían sonrientes, con eso de que antes egipcios y sirios conformaban una sola república.

No sé yo.

Cuando, al dejar a Caecilie, aparezco en la sala de equipajes y veo el panorama... pregunto: min Al-Qahira fen? hena au hinak? (el que viene del Cairo donde, aquí o allí). Me miran, me dicen algo que no entiendo y... empieza la carrera de obstáculos. Hay maletas por el suelo en toda la sala, a veces no tienes otra que pasar pisándolas. La gente se amontona con los carros porta-maletas y tampoco tienes otra que empujarles con fuerza para poder pasar. Después de saltar, pisar y tropezar con miles de equipajes, sin encontrar lo que buscaba, oigo un: Al-Qahira lissa, lissa!. Es decir, que todavía no han sacado las maletas...


Me siento sobre una maleta mientras continuo observando la escena... como las películas, igual: gritos desesperados, lloros, peleas por encontrar sus maletas. Vamos, como si llevaran las cenizas de la abuela (pienso para intentar hacerme reír un poco). Y, por fin, las maletas del vuelo del Cairo. Las recojo, me siento, le digo a un chaval pequeño que me deje en paz... sigue molestando (nunca me han gustado mucho los críos), me cambio de sitio... y.... cuanto tiempo ha pasado ya? no se... pero ya no hay nadie en la sala de equipajes, silencio.
(foto: ITXA. Gran Mezquita Omeya)

Y yo sigo esperando a la chica del visado eterno. Dos horas más.


Los hombres de las cintas trasportadoras de equipaje son muy simpáticos, me dedican un Ahlan wa Sahlan una y otra vez, pero no veis que soy la misma todo el tiempo! Sí, soy la única persona allí sentada. Y, por fin, sale Caecilie esforzando una sonrisa. Camino a Damasco el paisaje me recuerda a Los Boalares, en mi pueblo, un pinar precioso que se levanta sobre montes pequeños. Veo carteles anunciando la dirección a Beirut, que está a pocas horas de allí, a Jordania... Bueno. ¿Por qué no?
(Foto: ITXA. Salida del zoco)

Y, aquí estoy, escribiendo este post después de visitar un poco la parte antigua de Damasco. En una de las pocos cafés-Internet donde permiten entrar en facebook. La ciudad de los Omeya tiene muchas cosas buenas, muchos secretos... Y un ambiente parecido al egipcio, si bien, las calles están mucho más limpias, tienen mejor apariencia. Quisiera contar también una noticia que leí estando en el avión, en el Daily News Egypt, de que han otorgado 5 nuevas licencias para crear cinco nuevos periódicos independientes, pero esto tendré que tratarlo mejor. Quizás cuando vuelva.

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